¡Querido Papa!

 

El día nueve, te alejaste en los brazos del tiempo, definitivamente de nosotros. Sé, que donde estés, estas palabras se grabaran con lenguas de fuego en tu alma, sabiendo de sobra que donde te encuentres, no existe el incordio del tan necesitado lenguaje y el no saber leer ni escribir, no te impidió, que me enseñaras el hermoso país de la literatura. ¿Cuánto sacrificios por llevar hacia delante a una familia? Una familia, que orgullosamente creaste en nombre de tu madre Lupe, que se marcho de tu lado, con la pena de no verte casado y con hijos, fíjate que cosas tiene la vida, no solo has sido un padre de familia, sino que para mi has sido el mejor. Aun recuerdo tus manos grandes, donde se perdían las mías, cuando en hombros me alzabas para ver pasar a tu querida Macarena. Cuando te emocionabas, cuando nos veías llegar, a cualquiera de tu familia y cuando no podías hablar con ellos por teléfono, porque era tal tu sentimiento, que brotaban gotas de blanca sal de tus ojos y teníamos que coger el auricular, al no poder auricular palabra alguna. ¿Cuánto amor dejaste? Todo, el que tu corazón quiso y más, no hubo día que no te acordabas de alguien y seguramente no hubo día que no lloraste las perdidas de las personas, amigos y familiares que se fueron quedando por el camino, por que ese eras tú, papa, aquel cuyo amor no se corrompía, ni se vendió al mejor postor, aquel que portaba una fuente inagotable del cual muchos nos llenábamos, ahora en tu memoria, recogeré esa sabiduría del amor, e intentare seguir con esa tarea, aunque desde este tiempo y momento, veo ante mi un arduo y difícil trabajo. ¿Cuánto tiempo perdido? Seguramente todos los hijos, al faltar sus padres, piensan que habrían podido haber estado más tiempo con el, que tenían que haberle dicho esto u aquello, yo siento lo mismo, mas ya estuve a punto de perderte hace seis meses y eso me llevo a reflexionar, que pasaría si te perdiera, como ahora y padre me ha faltado tiempo para decirte cuanto me haces falta y eso que te lo he dicho en vida y ahora no cansare de recordarlo. Y te has ido con una pena, pensabas que cuando la jubilación llegara, podrías irte a viajar, eso que tanto te encantaba acompañado de mama, pero después las enfermedades, han impedido ver ese sueño realidad y no cansabas de repetir, cuando erais pequeños viajábamos a todos lados y ahora, fíjate ahora, no podemos salir  ninguna parte. Pero, siempre que he podido, hemos compartido viajes, el ultimo al bautizo de tu nieto en Almería, ¿Quién me diría, que seria el ultimo viaje que compartiríamos, yo al volante y tu de copiloto?

¿Cuánto me enseñaste? Porque a pesar de tu analfabetismo, me enseñaste lo que la vida te enseño. Una vida dedicada al campo y los animales, por eso cuando me preguntaste que hacer con la jubilación anticipada, yo solo pude responderte, que adelante, que compraras un terrenito y te dedicaras los años que quedaran a tu propia tierra y así ha sido y en ese terreno te has marchado.

Seguiré escribiéndote papa, pero más tarde solo un poco más tarde... besos Pako