En el mundo, existen personas que pasan sin dejar huellas, en nosotros. Otros como el caso que me ocupa, no solo recuerdas sino que te roban el corazón eternamente. Yo me crie con Lidia. Formaba parte de un coro musical, donde el director de dicha coral era su padre Juan. Cuanto he recordado, en los años sucesivos, los distintos consejos que recibí en mi aprendizaje musical. Lidia, con el tiempo, se ha convertido en una hermosa señora, madre de dos preciosas hijas. Su marido, Juan un hombre honesto y un señor de los que pocos quedan. Pero, musicalmente hablando un poco chapado a la antigua. Pues a él le dedico este tema.

Tambien, le quiero comentar a Lidia, que las antiguas voces se pueden unir con las mejores del momento.

Y a Lidia algo que seguro le va ha gustar.

A por cierto. Juan, perdona la broma de antes hay tienes la original de Antonio Molina.

Un saludo a las buenas personas.
Pako