¡Cuanto daría por saber en mi boca,
lo que en mis sueños imaginarios,
donde mi alma se vuelve loca,
si roza la seda de tus labios!
¡Y si tu aliento pudiera respirar!
¡Y si mis pasos te guiaran al bailar!
¡Y si te pudiera tocar, acariciar,
moldearte como el tallista al leño!
¡Cuánto daría por saber mi corazón,
que se siente libre al cabalgar,
poniendo en tu pecho el empeño
de latir juntos para perder la razón!
Ojos bonitos sin amor y sin dueños,
¡Cuánto daría por juntos despertar,
y tras ver la realidad, comprobar,
que no es otro de mis sueños!

(Gotas de blanca sal)