Hace años, en uno de mis viajes por la hermosa tierra de las meigas, los Pazos, las rías y mi querida Rosalía…
Fue, así, como un viejo pescador en un galego cerrado, me contó una historia triste, la cual me llego tanto que la convertí, en la poesía que han leido.
DISFRUTENLA
Adivínase el dulce y perfumado
calor primaveral;
los gérmenes se agitan en la tierra
con inquietud en su amoroso afán,
y cruzan por los aires, silenciosos,
átomos que se besan al pasar.
Hierve la sangre juvenil, se exalta
lleno de aliento el corazón, y audaz
el loco pensamiento sueña y cree
que el hombre es, cual los dioses, inmortal,
No importa que los sueños sean mentira,
ya que al cabo es verdad
que es venturoso el que soñando muere,
infeliz el que vive sin soñar.
¡Pero qué aprisa en este mundo triste
todas las cosas van!
¡Que las domina el vértigo creyérase!
La que ayer fue capullo, es rosa ya,
y pronto agostará rosas y plantas
el calor estival. (Rosalía de Castro)






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